Luego de extender el globo y comenzar a inflarlo, así como escuchar el estruendo que producen los quemadores en cada descarga de gas, hay que estar listos para dejarse llevar por la fuerza del viento y ser iluminados con los primeros rayos del sol.
A vista de pájaro, esta ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad obsequia el más bello lienzo colonial, con algunos toques góticos sobre la cantera rosada. Una hora exclusiva para el mejor momento. Volando a escasos metros de la Tierra y, a momentos, por encima de las nubes. Los sentidos se trastocan: todo se escucha, huele y se mira perfecto.
Si se desea una cena más formal, entonces hay que reservar La Cava, donde se sirve cocina de autor, bajo el sello del chef Carlos Hanono. Sólo hay que responder a qué eres alérgico, qué carne prefieres y cuál es tu estilo favorito. Lo que se sirva será sorpresa en un ambiente compuesto de botellas de vino y fotografías de Frida Kahlo.
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